viernes 10 de agosto de 2007

Articulos de Opinion 10-8-07

Fin del conflicto de los telefónicos

Recetas para un triunfo


Cuatro meses de conflicto, 33 dias de paro, cortes de calles, tomas de edificios y finalmente un éxito gremial. Los telefónicos lograron todo eso cercados mediáticamente, pero sin ponerse en contra a la sociedad: “Todos saben que Telefónica se la lleva con pala” dice en esta entrevista a lavaca Claudio Marín, secretario de Foetra. Las ganancias de la empresa, la propuesta de Internet gratis a las escuelas, y la comunicación como uno de los derechos humanos.


Después de 120 días de conflicto, 33 de paro y dos conciliaciones obligatorias frustradas, los trabajadores de Telefónica de Argentina obtuvieron un 17 por ciento de aumento. Además, lograron reducir en media hora su jornada laboral, que había sido extendida durante la década menemista. Obtendrán también, por única vez, un pago adicional no remunerativo de 1.900 pesos. A pesar de cortar al mismo tiempo 70 calles de Buenos Aires y dejar incomunicados a 150.000 usuarios, los trabajadores lograron evitar que la sociedad se crispe con ellos. “Es que todos saben que Telefónica se la lleva con pala”, explica Claudio Marín, secretario general adjunto de Foetra, el gremio que agrupa a los telefónicos de Capital y Gran Buenos Aires. Las implicancias de luchar contra una multinacional, el cerco informativo y el secreto para ganar develados en esta entrevista.

- ¿Cómo se encara una situación de conflicto laboral frente a una multinacional nada propensa al diálogo?
- Nosotros tomamos medidas muy duras. A lo largo del conflicto hubo 70 edificios donde la gente dormía adentro, con colchonetas, para no dejar entrar a los contratistas. Después de 33 días de paro hubo 150.000 líneas en mal estado. Entramos a la sede Movistar y la tomamos durante cuatro horas. También entramos a un call center de Aerolíneas Argentinas, porque está dentro de un edificio de Telefónica que habíamos tomado. Todo eso generó problemas muy grandes. Estuvimos en la puerta de Repsol, fuimos al Hotel Interamericano y a la puerta de Telefé, donde pusimos 1.500 personas.

La pared informativa

A la vez, estaban confrontando con una propietaria de medios de comunicación.
-Hace 25 días, nosotros llenamos la Plaza de Mayo, metimos diez mil trabajadores. Durante seis horas el microcentro fue un desastre. ¿Alguien lo vio en algún medio? El microcentro lo interrumpimos cuatro o cinco veces a lo largo del conflicto. Un día realizamos más de 70 cortes de calles en Capital y Gran Buenos, con quema de gomas incluido, todo al mismo tiempo. ¿Alguien se enteró por los medios? Da pavura la pared informativa. La única que vez que pudimos salir de cara al usuario, a mostrar nuestras propuestas de tarifa social, de internet gratis para escuelas y hospitales, fue pagando cien mil pesos para que Clarín nos publique una solicitada. Es un tema muy duro el de la propiedad de los medios. Si yo tengo un problema con una empresa local y corto avenida Corrientes, tal vez salgo en los medios. Porque mi patronal no es anunciante. No es el caso de las multinacionales, que además aprietan al gobierno y cuentan con muchísimo poder político. No hay muchas fórmulas para combatirlo, una regla podría ser no generar más enemigos de los que uno ya tiene. Si encima de la multinacional, te insultás con el ministro, con el gobierno, con los legisladores porque no crean un marco regulatorio, cada vez tenés un frente más grande.

¿Cómo hicieron para saltar el cerco informativo?
- Telefónica tiene muy mala imagen. Todos piensan –y con razón- que se la lleva con pala. Acá tiene ganancias del 40 por ciento mientras que en sus país de origen no llega al 8. Hay verdades que son mucho más fuertes que la ausencia de información. Termina por desbordar el cerco. Cuando hay un mal servicio, desborda. Nos llamaban de la radio, y las entrevistas terminaban con el conductor preguntándonos si podíamos arreglarle su propio teléfono. Las radios, no sé por qué, terminaron dándonos bolilla. Canal 7 también. Además fue importante el apoyo de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Adolfo Pérez Esquivel, Abuelas de Plaza de Mayo, la Asociación de ex Detenidos. También tuvimos una entrevista con Hebe de Bonafini.

Bocinazos y democracia directa

-Dio la sensación que lograron evitar que los usuarios afectados se crispen con los trabajadores en huelga. ¿Cómo hicieron?
-La empresa siempre intentó tirarnos en contra a la gente, pero nosotros siempre planteamos la defensa del usuario. Estuvimos 120 días de conflicto y sólo se afectó el servicio en los últimos 30. Nosotros nunca incomunicamos a la gente, eso tendría consecuencias penales. Nosotros nunca bajamos la palanca, lo que hubo fue un deterioro del servicio. La imagen de Telefónica como empresa de rapiña está instalada. En uno de los 70 cortes, que se dejaba un carril libre para que los coches pudieran circular, los chicos colgaron una bandera que decía: “Si Telefónica lo cagó, toque bocina”. Fue más efectiva que llevar doscientos tambores. ¡El bochinche que se armó!
-En un conflicto tan largo, ¿cómo se supera el desgaste y sostiene la cohesión de los trabajadores?
-Los mecanismos de consulta con las bases que tenemos son una garantía para nosotros. Yo creo que constituyen el 80 por ciento de este éxito. Además, ahora la gente nos tiene mucha confianza. “Estos tipos nunca perdieron”, dicen algunos. De todas formas había preocupación. A cada trabajador, en medio del conflicto, le aplicaron 700 pesos de descuento –ahora lo van a tener que reintegrar-, y la gente no llegaba a fin de mes. Pero como hay mucho odio a la empresa, la mayoría terminaba diciendo: “A mi no me van a torcer el brazo”. Creo que la participación es importante. Hicimos permanentemente llamados a plenarios de delegados, donde participan 300 personas e informábamos todo el tiempo cómo venía la situación. Todos los días había asamblea en los 170 edificios. El secreto es ese. Incluso, nosotros –la dirigencia- perdió un plenario cuando propusimos el acuerdo con Telecom. Los delegados lo consideraban exiguo. Después hubo una Asamblea General, con 3.500 participantes, que la aprobó. Pero en el medio hubo una semana más de paro. El lunes pasado el plenario de delegados aprobó suspender las medidas de fuerza. Pero este jueves lo tiene que ratificar una asamblea general. Todos estos mecanismos son los que nos garantizan que la gente salga a dar batalla cuando es necesario.

Telefónica vs. Telecom

-¿Cuál es el secreto para ganar el conflicto gremial?
- El secreto para ganar siempre, como dije antes, es estar pegado a la gente, y también saber cuando cerrar el conflicto. El problema es que a veces algunos dicen “sigamos, sigamos y sigamos” y te terminas quedando sin nada. La negociación hay que cerrarla en el mayor momento de apoyo, ahí tenés que rematar. Si empezás a caer, no parás más. Muchas veces escuchas la frase: “Salimos por un aumento y terminamos discutiendo un despido”. Hay que tener cuidado, porque cuando la empresa se ve muerta, va por todo. En este caso, el aumento conseguido para nosotros es escaso, la gente quiere más. Pero esto es lo que podemos sacar hoy, más allá que sea injusto y que merezcamos el 50 por ciento de aumento, el mercado también te fija límites. Vos ganas porque generás iniciativa y bajás martillo estando en un momento fuerte. El gran error es cerrar cuando ya te debilitaste.

-¿Qué evaluación hace del conflicto?
Fue el conflicto más duro que enfrentamos. Telefónica de Argentina jugó esta vez una partida diferente a la de Telecom.. No confrontó por una cuestión salarial, sino que apostó a derrotar de una vez por todas al gremio. Al principio, Telecom no cerraba el acuerdo por sostener la solidaridad corporativa con Telefónica, pero cuando se dio cuenta que el eje era otra, que dejaba de ser una discusión por salarios para convertirse en un intento de destrucción del gremio acordó con nosotros.
.¿Por qué cree que ambas empresas tienen una política gremial diferente?
-Históricamente, Telefónica de Argentina tiene una conducta antigremial. Entiendo que tiene mucho menos compromiso nacional que Telecom, gerenciada por la familia Werthein. La mitad del paquete accionario es argentino y la otra mitad es italiano. La actitud de las empresas españolas, en cambio, es diferente: intentan destruir cualquier organización gremial. Está el ejemplo de lo que fue el conflicto de Aerolíneas. A nosotros, el año pasado nos metieron mano de obra desocupada para que se enfrentara con los trabajadores. En esta oportunidad, se endurecieron tanto que terminaron perdiendo más de cien millones de pesos por el conflicto. Y al final, tuvieron que cerrar igual que Telecom. Esa sinrazón de los empresarios se explica sólo si hay un interés político.
-¿Por qué Telefónica no negocia con los gremios?
- No quiere gremios de nuestras características. Arregló con los gremios ultramenemistas en el sur: Bahía Blanca, Mar del Plata, Neuquen y Mendoza. Ellos concedieron la movilidad geográfica, que implica que pueden mover a cualquier empleado a su antojo y la movilidad funcional, es decir que el que hoy hace un tipo de trabajo mañana puede hacer otro totalmente distinto. Estas negociaciones implican un descrédito para las dirigencias.
-¿Por qué se terminó destrabando el conflicto?
- Por una resolución del Ministerio de Trabajo, la empresa hubiera seguido tensando la cuerda.

La comunicación como derecho humano

- ¿En qué consiste la propuesta del gremio de Internet gratis para escuelas y hospitales?
-La propuesta tiene que ver con que concebimos a la comunicación como un servicio público, que tiene carácter de derecho humano, de comunicarse y de informarse. Más allá de la propiedad de las empresas de telecomunicaciones –si son estatales, mixtas o privadas- tiene que haber una política estatal de telecomunicaciones que tenga que ver con el modelo de desarrollo de país. Si comunicarse tiene un alto valor, sólo tendrán posibilidad los pudientes. Nosotros proponemos que en las escuelas y en los hospitales haya banda ancha gratuita y que cada jefe de familia tenga una casilla de mensajes sin cargo. Esto se paga con el mismo tráfico de llamadas que genera el sistema, el que llama para dejar un mensaje paga. A la empresa no le costaría nada. Pero a las empresas les perdonaron el aporte del uno por ciento sobre el total de la facturación que desde 2001 estaban obligadas a realizar para el desarrollo de áreas no rentables: son 750 millones que le acaban de condonar. No quepa la menor duda que ese es un dinero que hubiera sido muy importante para dotar de comunicación a un montón de zonas rurales.

publicada 08/08/2007


éstas notas pueden ser reproducidas libremente, total o parcialmente (siempre que sea con fines no comerciales), aunque agradeceríamos que citaran la fuente.




Euskal Herria- Obsesiones

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Maite Soroa

La fachenda periodística sigue preocupada por las cosas de esta tierra, lo cual no tiene nada de malo en sí, pero en este caso esa preocupación se debe a que toda prohibición y todos los garrotazos les parecen pocos.

Ayer, en «El Mundo» el escriba de Pedro J. daba no se sabe si instrucciones u órdenes a la Fiscalía de la Audiencia Nacional española a la vista de que «señaló que no tiene previsto actuar de oficio para evitar el homenaje al antiguo dirigente de ETA Sabino Euba Pelopintxo, previsto para el próximo sábado en la localidad de Amorebieta, ya que no tiene conocimiento oficial del acto por parte de la Delegación del Gobierno del País Vasco». Bueno, pues la Fiscalía ya se ha dado por enterada.

Y le llama la atención «la pasividad que el Ejecutivo ha demostrado desde que el pasado lunes Askatasuna, organización del entorno abertzale, convocase un homenaje que a todas luces está destinado a ser un acto de apología del terrorismo y, en consecuencia delictivo». Es decir, que homenajear a una persona fallecida que cuenta con la estima y reconocimiento de muchos vecinos de Zornotza, pero no resulta del gusto del escribiente, es un acto «a todas luces de apología del terrorismo».

A continuación nos muestra esas luces que dejan el futuro delito al descubierto: «No en vano, el comunicado de convocatoria que para el evento hace la asociación de familiares de presos etarras Etxerat denuncia que la muerte de Euba -fallecido por un cáncer- `es consecuencia de la persecución asesina de los Estados». Está clara la prueba, ¿no? Pues si alguien lo ha entendido, le ruego que me lo explique.

Pero para entornos amplios, el que abarca el asco de Iñaki Ezkerra, quien, en «La Razón», arremetía contra los socialistas navarros partidarios de pactar con NaBai, contra el PSOE por negarse a hacerlo «para que ETA valore lo que puede ganar si ayuda a Zapatero en las próximas elecciones con otra `tregua' y lo que puede perder si no lo hace: la Navarra que le habían prometido», y también comparte «el asco que Gabriel Albiac mostraba el lunes por el papelón de Puras y Sanz en esta comedia. Pues tampoco Sanz se libra de responsabilidad en lo que pase en Navarra (...)», por no haber seguido los consejos de Esperanza Aguirre cediendo «la presidencia al PSN en un gobierno bicolor y ésa era una opción tan sensata como patriótica».

Está tan claro que no hace falta ni saber qué piensan las navarras y los navarros.




Bello: “Las políticas neoliberales han sido desacreditadas”

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Emma Gascó y Javier Fdez Admetlla










Entrevista con Walden Bello, activista antiglobalización filipino :: El problema del neoliberalismo ya no es tanto de doctrina, sino de clase, porque las élites capitalistas locales aliadas con EE UU continúan ostentando el poder

Escritor, analista y sociólogo, Walden Bello ha participado en prácticamente todos los frentes del activismo. Opositor al régimen de Marcos en Filipinas, su trabajo ha estado centrado en el antimilitarismo, la ecología y la crítica al modelo neoliberal. En 1995 fundó Focus on the Global South y en 1998 el partido filipino Citizen’s Action.

DIAGONAL: Ha participado en las citas de Seattle, Génova y Rostock... ¿En qué estado diría que se encuentra el movimiento antiglobalización?

WALDEN BELLO: Las políticas neoliberales han sido desacreditadas, no funcionan en ningún lugar. En Rostock mantuvimos el espíritu de Génova y no el de Gleneagles. La actitud de las ONG británicas y movimientos sociales en Geneagles era pedir al G-8 que “por favor ayudaran a África” o que llevara a cabo ciertos cambios. Esta actitud es errónea. Yo defiendo el espíritu de Génova porque nuestro mensaje era distinto, decíamos “G-8, quitaros de en medio”. Asimismo, en Rostock también afirmé que los movimientos sociales en las movilizaciones contra el foro del G-8 deberían ampliar su discurso e incluir la guerra de Iraq en sus reivindicaciones. Creo que ahora el movimiento antiglobalización es muy influyente.

No se puede negar que el colapso de las negociaciones de la OMC con el G-4 en Potsdam se ha debido en gran parte al trabajo del movimiento antiglobalización. En Europa, el movimiento contra la guerra logró impedir el envío de tropas alemanas y francesas a Iraq y retirar el contingente español. Queda mucho por hacer, como por ejemplo llegar a una masa crítica de fuerza, pero también es necesario mostrar los éxitos de estos movimientos cuando la gente los critica diciendo que han fracasado.

¿Cuál es la situación de los movimientos sociales en Asia?

Existe una gran variedad: hay movimientos sociales en contra de los acuerdos de libre comercio (sobre todo en Tailandia y Filipinas), en contra de la OMC (como los de agricultores en India), de liberación nacional (en el sur de Filipinas y en Tailandia), fundamentalistas... Pero no existen movimientos sociales que puedan desafiar a los bloques de poder existentes. Pueden llegar a detener un tratado de libre comercio con Estados Unidos pero no pueden, por ejemplo, cambiar la política económica del Gobierno tailandés.

Es una situación muy distinta de la de América Latina; allí algunos movimientos sociales han llegado al poder y tienen la posibilidad de transformar la economía política y las relaciones con el imperialismo.

¿Cuál es su posición respecto a la OMC? ¿Qué alternativas hay a la situación actual?

Está claro que debemos abolir la OMC. De hecho, creo que ya está en proceso de colapso. Actualmente, Estados Unidos y la Unión Europea están impulsando tratados de libre comercio porque han perdido confianza en la OMC. Pero este tipo de tratados también son negativos para los países pobres porque reflejan una filosofía de fe absoluta en el mercado como motor del desarrollo, lo que ya ha causado muchos problemas. Para los países del Sur, creo que la alternativa está en acuerdos regionales que vayan más allá de la cooperación económica. Un ejemplo de esto es la Alternativa Bolivariana para América (ALBA) propuesta por Hugo Chávez.

El acuerdo va más allá de la lógica del capital, porque cuando empiezas a dar descuentos del 40% en el precio del petróleo a 14 países caribeños, le dices a Bolivia que en vez de pagar en divisas pueden pagar con soja o le dices a Argentina que puede pagar con reses jóvenes estás impulsando una dinámica muy diferente, de solidaridad regional, no de competencia regional. En Asia y en África se sigue de cerca estos experimentos y se estudia cómo se podría utilizar lo aprendido. Pero estos experimentos latinoamericanos acaban de empezar y todavía falta tiempo para que logren un impacto pleno en el resto del mundo.

El papel chino

¿Cuál sería el papel de China en este nuevo regionalismo?

China necesita una gran cantidad de recursos para sostener su ritmo de crecimiento y gran parte de estos recursos proceden del Sudeste Asiático y de África. Tenemos que cambiar el modelo y no copiar las relaciones que teníamos con Europa y EE UU. Es muy importante crear asociaciones entre los gobiernos de países en desarrollo y la sociedad civil, para lograr un poder de negociación y diálogo potente frente a China. En Focus on the Global South apoyamos un cambio en la estrategia económica de China para que se aleje de la industrialización orientada hacia la exportación y para que satisfaga las necesidades de la ciudadanía china.

¿Qué opina sobre el modelo de industrialización que se ha utilizado en el Este Asiático?

Cada vez se cuestiona más. Corea y Taiwán sacrificaron la agricultura y el medio ambiente a favor de la industria. Ahora el medio ambiente está enfermo y estos países tienen que aplicar medidas medioambientales restrictivas. Pero el resultado es que todas estas empresas japonesas, taiwanesas y coreanas deslocalizan su producción hacia el Sudeste Asiático, donde hay leyes muy permisivas. Stiglitz alaba los beneficios de la globalización en los países asiáticos, pero evita mencionar esto. Nosotros no queremos adaptar un modelo de desarrollo que tiene unos costes tan altos. Aunque este proceso haya tenido efectos positivos, como sacar a la gente de la pobreza o una redistribución marginal de la riqueza, los costes agrícolas y medioambientales de una política centrada en la industrialización han sido demasiado elevados.

Frente al modelo neoliberal, ¿qué alternativas surgen?

Por un lado, hay que incidir en que la economía debe estar al servicio de la justicia, la comunidad y la solidaridad, no al servicio de la eficiencia económica. A menudo nos critican pidiendo que ofrezcamos un sistema mejor que el capitalismo, pero nosotros no competimos con el capitalismo, porque el capitalismo solamente se centra en reducir los costes por unidad. Nosotros buscamos un sistema que satisfaga de forma eficiente las necesidades de la población.

Por otro lado está el apoyo a la diversidad. Los principios de la economía alternativa como la subsidiariedad, la reorientación hacia el interior o la cooperación económica ya existen, pero la forma de combinar estos principios son necesariamente diferentes dependiendo de sus valores, sus prioridades o sus ritmos. Estamos ya en el siglo XXI y la tragedia del siglo XX es que los modelos han sido de ‘talla única’. Primero hubo un socialismo centralizado y se colapsó, porque no se puede imponer un mismo modelo a todo el mundo. Luego vino el neoliberalismo, que también defendía un mismo camino para todos, y también fracasó. Hay gente que pide que les mostremos nuestro modelo de desarrollo, pero nuestra respuesta es que no hay una única vía. Esto les irrita mucho porque vienen de una cultura académica en la que hay un único camino.

¿Crisis del neoliberalismo?

¿Existe algún ejemplo de alternativa al neoliberalismo en Asia?

Ahora en Asia se es más consciente de los límites del neoliberalismo. El nuevo problema ya no es tanto de doctrina, sino de clase, porque las élites capitalistas locales aliadas con EE UU continúan ostentando el poder. Aunque sean pragmáticos y no impongan soluciones neoliberales, seguimos teniendo sistemas económicos dominados por las élites, bien locales, bien imperiales como EE UU. En definitiva, derrotar al neoliberalismo no es suficiente.

Lo que queremos es luchar por una fórmula socioeconómica que apoye la justicia y la igualdad. ¿Es esto socialismo? No sé, otros lo denominan economía popular y otros, democracia social. Lo importante es que la sociedad sea la que conduce el mercado, en lugar de ser el mercado el que conduce la sociedad. Pero resulta muy difícil lograr este cambio porque, aunque derrotes a los neoliberales, sigues teniendo que cambiar las estructuras de clase existentes. Y si éstas no se alteran es posible que el neoliberalismo vuelva.

Por ende, el problema clave no es tanto el neoliberalismo, sino el capitalismo global. Existen muchas manifestaciones del capitalismo. El neoliberalismo era una variante particularmente dura, pero un capitalismo pragmático no es más humanista. En estos momentos debemos ir más allá. Hay mucha gente que mira a la época anterior, a los ‘80, y la ve como una edad de oro. La gente tenía compromiso de clase y codeterminación. No sé lo que teníais aquí... ¡Ah, claro, teníais a Franco!

EE UU: ¿hacia un nuevo aislacionismo?

En sus intervenciones habla de que EE UU ha intentado abarcar demasiado espacio, que se ha ‘sobrextendido’. ¿Qué política estadounidense prevé para el futuro?

EE UU ha cometido un fallo al calcular lo que haría falta para estabilizar Iraq. Ha desplegado muy pocos recursos terrestres y ha estimado mal la situación política. Y ahora está completamente empantanado en Iraq. Por eso Estados Unidos tiene ahora más problemas para imponer su hegemonía en otros lugares, como por ejemplo en Corea, en Irán o en Venezuela. ¿Cómo vas a organizar un golpe de Estado contra Chávez, un líder con el apoyo de su pueblo, cuando no puedes siquiera salir de Iraq?

La población estadounidense está desengañada en relación con Iraq. La elite estadounidense quizás quiera seguir interviniendo pero, a no ser que sean intervenciones rápidas y sin tropas terrestres, será muy difícil legitimar este tipo de acciones. Desde el principio de los años ‘20 hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la población estadounidense se negaba a intervenir en Europa. Algo parecido ocurrirá en relación al intervencionismo estadounidense en el mundo. Y, desde luego, en los países del Sur, cuanto menos Estados Unidos veamos, mejor.

Diagonal



La Torre de Marfil apoya el Muro del Apartheid

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Margaret Aziza Pappano

[Traducido del inglés para La Haine por Felisa Sastre]

Si el boicot a las instituciones académicas israelíes se considera injusto, ¿cómo se debería calificar la metódica destrucción del sistema educativo palestino?














Profesores y estudiantes palestinos de una escuela de la ONU en Gaza protestan contra los ataques aéreos que el día anterior (8 de noviembre de 2006) provocaron la muerte de 18 palestinos, la mayoría mujeres y niños, en Beit Hanoun, Gaza. La utilización del “castigo colectivo” por parte de Israel es uno de los motivos alegados por el Sindicato Británico de Universidades y Escuelas universitarias para declarar el boicot a las instituciones académicas israelíes. (Hatem Omar /MaanImages




En las últimas semanas, rectores de universidades de Estados Unidos y Canadá se han apresurado a hacer declaraciones sobre la propuesta de boicot a las instituciones académicas israelíes planteada por el sindicato británico de profesores de universidad. Consideran este boicot como una grave violación de la libertad académica pero, habida cuenta de la incapacidad general de estos dirigentes universitarios para criticar una serie de transgresiones de la libertad académica ocurridas en los últimos años, entre otras algunas muy cercanas a ellos como la negativa por razones políticas a hacer profesor permanente a Norman Finkelstein y a su colega Mehrene Larudee que le apoyó públicamente, el acoso a los profesores Joseph Massad y Rashid Khalidi de la Universidad de Columbia, y las intimidaciones de Campuswatch,(*) se le puede perdonar a uno que llegue a la conclusión de que los rectores universitarios prefieran mantenerse por encima de las luchas políticas y se reserven para asuntos serios e importantes en lugar de llevar a cabo pronunciamientos controvertidos sobre los tsunamis.

Sin embargo ahora, en medio del tórrido y calinoso verano, los rectores se han movilizado al máximo para imponer su retórica académica al expresar su solidaridad con los profesores universitarios israelíes y su poyo al mantenimiento del derecho de todos a comprometerse con “la discusión de ideas y con la libertad de asociación”.

Lo que quizás resulte más sorprendente en esta tendencia es que se trata de algo prácticamente virtual porque de hecho no se ha violado libertad alguna por un boicot todavía en fase de debate. No obstante, los rectores se están preparando con antelación para lo que podría ser “un ataque... a la principal misión de las universidades “ (Gilles Patry, Universidad de Ottawa) y “una amenaza a los cimientos morales de todas y cada una de las universidades” (Amy Guttman, Universidad de Pensilvania). [1] John Carsten, rector de la Universidad de Virginia, compara la propuesta de boicot a “la actitud de los movimientos políticos más nefastos del siglo XX”.

Sin embargo, todos ellos deben saber que los palestinos sufren desde hace muchas décadas numerosos ataques a sus universidades y escuelas por las fuerzas de ocupación israelíes. Seguramente, si los rectores universitarios se han levantado en armas contra la propuesta de boicot a los académicos israelíes, tendrían algo que decir sobre el cierre de las universidades palestinas, el encarcelamiento y tiroteos contra estudiantes y profesores, los diarios impedimentos que sufren estudiantes y profesores para acudir a clase, la denegación de permiso a los estudiantes para ingresar en las universidades, y la suspensión de visados para investigadores y académicos invitados que caracterizan la vida académica en Palestina.

Si el boicot a las instituciones académicas se considera injusto, ¿cómo se debería calificar la metódica destrucción de un sistema educativo? Si Patry advierte de los potenciales “actos de exclusión” contra los académicos israelíes, ¿no está preocupado porque precisamente ahora mismo, mientras hablamos, casi todos los estudiantes palestinos están excluidos de las instituciones israelíes e incluso en el interior de Palestina los israelíes impidan a los estudiantes palestinos el acceso a sus propias universidades al negarles el imprescindible permiso para viajar? ¿Se puede considerar un “acto de exclusión” la deportación y el exilio de diecinueve años de su colega, Hanna Nasir, rector de la universidad de Birzeit? Mi propia rectora, Karen Hitchcock, está comprometida con “la defensa de la libertad de los individuos para estudiar, enseñar e investigar sin temor al hostigamiento, la intimidación o la discriminación”.

Pero uno se pregunta ¿entre esos “individuos” se incluye a los palestinos? De ser así, ¿está dispuesta a afrontar la instalación de puestos de control en el exterior de la universidad, semejantes al existente en Birzeit, que ha provocado una reducción de la asistencia a clase de entre un 20 y un 40 por ciento según datos de Human Rights Watch? Judith Butler, filósofa y crítica, alega que “si el ejercicio de la libertad académica se coarta o frustra, esa libertad se pierde, razón por la que los puestos de control deberían ser una cuestión que afecte a quienes defienden la idea de la libertad de enseñar”. [2]

Es importante comprender que la UCU (Sindicato de Profesores de Universidad y Escuelas Universitarias) británica tiene como objetivo a las instituciones académicas israelíes (no a los individuos) no sólo porque pertenecen a su misma profesión sino también por el lugar que ocupan las universidades en la sociedad israelí. Las universidades israelíes, en lugar de ser lugares para la disidencia y la resistencia frente a las políticas discriminatorias y violentas de su Gobierno, son ellas mismas culpables de la violación de los derechos humanos. La Universidad de Bar-Ilan ha establecido un campus en Ariel, una colonia ilegal en Cisjordania, convirtiéndose en cómplice directo del continuado proyecto de expansión colonialista. La Universidad Hebrea tiene un largo y nefasto historial de apropiarse tierra palestina. En 1968, en contra de una Resolución de la ONU, la universidad expulsó a centenares de familias palestinas para ampliar su campus en Jerusalén oriental. Esta historia de confiscaciones ha continuado, ya que en octubre de 2004 se produjeron expulsiones de más familias palestinas y la destrucción de sus viviendas para una nueva ampliación de sus instalaciones.

Los profesores israelíes colaboran con los servicios de inteligencia, poniendo a su servicio su experiencia académica para elaborar sofisticados métodos de “interrogatorio” de los que se aprovecha el ejército israelí. Y los propios académicos israelíes prestan servicio en el ejército como “reservistas”, por lo general en los territorios ocupados. La medida del sindicato de profesores británico va dirigida a animar a sus colegas israelíes a hacer algo en relación con la complicidad de sus universidades en la ocupación ilegal.

En lugar de dedicarse exclusivamente a lanzar soflamas y denunciar verbalmente el boicot del sindicato británico, unos pocos rectores están dispuestos a ir más allá. En su declaración, Karen Hitchcock amenaza con unir su Universidad de Queen a la lista del boicot. Tomando como ejemplo la postura del rector de la Universidad de Columbia, Lee Bollinger, irónicamente un académico de la Primera Enmienda Constitucional, Hitchcock alude a la petición iniciada por el profesor Alan Dershowitz que anima a los académicos estadounidenses a considerarse ciudadanos israelíes honorarios y pedir que el sindicato británico también los boicotee. Robert Birgeneau, rector de la Universidad de California-Berkeley, y Heather Munroe-Blum, rectora de la Universidad McGill, han expresado sentimientos similares en sus declaraciones al afirmar que si el sindicato de profesores británico UCU decide boicotear a las instituciones israelíes entonces deberían hacerlo también con Berkeley y McGill.

Cuando estos rectores universitarios desafían con sus declaraciones al UCU a que los boicoteen, están indicando que si los profesores de Columbia, Berkeley, McGill y Queen quieren que se les boicotee junto a sus colegas israelíes es porque creen que ese boicot es un error. Es previsible que entre los claustros de profesores y estudiantes de esas universidades haya quienes no quieran ser considerados ciudadanos israelíes honorarios y por ello verse sometidos al boicot de las universidades británicas. ¿Se encuentra entre las potestades propias de un rector de Universidad hacer ese tipo de declaraciones personales que pueden tener consecuencias funestas para el progreso intelectual de los componentes de su universidad? ¿Qué clase de libertad académica es la que permite que un rector pueda tomar esas decisiones en nombre del claustro, estudiantes y personal del Centro? Si bien puede que haya muchos miembros de esas universidades que apoyen sus posturas, por principio no se puede ni se debe estar de acuerdo con ella. Creo que en sí misma es un atentado contra la libertad académica.

En efecto, en todos esos compromisos hechos públicos con “el intercambio de conocimientos e ideas (Munroe-Blum), “el entendimiento entre académicos y la libertad de expresión y de intercambio” (Patry), “la discusión pública y el intercambio de ideas” (John Casteen, de la Universidad de Virginia), “el debate libre y sin restricciones” (David Skorton, de la Cornell University), ninguno de estos rectores universitarios parece tener la mínima preocupación por facilitar el tipo de debate público sobre el fondo del asunto, lo que supuestamente debería ser el verdadero emblema de sus instituciones. Por desgracia, parece de hecho que esos rectores se están apresurando a hacer declaraciones precisamente para evitar el debate en sus recintos universitarios. Si realmente los rectores mencionados estuvieran comprometidos con esos principios, ¿porqué no organizan o al menos promueven un debate entre sus electores para que se analicen las razones en las que se apoya la propuesta de boicot? ¿Acaso quieren evitar el debate porque tienen miedo a verse implicados en una discusión pública sobre el tema en sus campus con una serie de cuestiones controvertidas? Cuando no se produce una discusión abierta sobre temas como éste en las universidades, ¿qué clase de ejemplo se está dando con las declaraciones de sus máximos responsables? Espero que se lleve a cabo un “debate libre y sin trabas en la universidad de Cornell. ¡Despojémonos de los grilletes!

Sospecho, no obstante, que esta acumulación de declaraciones no es buen augurio para lo que Casteen asegura es “la única posibilidad de que la Universidad sirva al bien común”. Parece que se ha establecido un peligroso precedente en el que los rectores de universidad han asumido el papel tradicional de los políticos y han aceptado viajes a Israel políticamente organizados. El periódico israelí Ha’aretz ha informado de que siete rectores de universidades estadounidenses visitaron Israel a principios de julio en el marco de una campaña “para explicar las políticas israelíes a los dirigentes de las instituciones académicas de EEUU y reforzar la colaboración científica entre los dos países” [3] Además de reunirse con el ministro de Educación y con dirigentes académicos, los rectores de universidad lo hicieron también con “expertos militares”. Presumiblemente, no intercambiaron opiniones sobre Aristóteles con los generales israelíes. Aunque estamos acostumbrados a que nuestros representantes electos participen en viajes parecidos, la Universidad (en eso coincido con Casteen, quien participó en la delegación que visitó Israel) se supone que está al servicio público en un solo sentido. Si bien no afirmo que no se alcanzase el objetivo educativo durante la visita a los rectores, sigo perpleja ante la reunión con los militares israelíes.

Tamata Traubmann, corresponsal de Ha’aretz, describe la agenda política del viaje “La visita ha tenido lugar en medio de los intentos de imponer una boicot académico contra Israel y la controversia suscitada sobre Israel entre la derecha y la izquierda en las universidades estadounidenses”. Si este viaje estaba organizado con el objetivo de intentar impedir el debate en los campus, entonces debemos preguntarnos si las universidades han sucumbido, en la lamentable frase de Bollinger a “los tendenciosos intentos políticos de secuestrar la principal misión de la enseñanza superior.”

Los rectores de universidad podrían alegar que están dispuestos a defender los derechos de todos los grupos, no sólo el de los israelíes, a la libertad académica. Como Tom Traves, rector de Dalhousie escribía en su declaración: “Las universidades no tienen política exterior y deben mantener siempre su derecho a la independencia de las órdenes del Gobierno relacionadas con su agenda política a corto plazo.” Sin embargo, cuando los rectores de universidad han permitido numerosas violaciones de la libertad académica de los palestinos sin hacer el menor comentario, deben comprender que sus declaraciones en lugar de “defender la libertad de los individuos”, como afirman, son en realidad precisamente pronunciamientos políticos de apoyo al régimen israelí. No se puede consentir décadas de enormes injusticias cometidas contra una de las partes y de pronto acudir a defender a la otra sin implicarse en una posición política.

Lo que me ha afectado especialmente por lo desafortunado- aunque habida cuenta del maltrato recibido recientemente por Joseph Massad, profesor de Estudios de Oriente Próximo-, no inesperado, ha sido que el rector de la Universidad de Columbia estuviera al frente del asunto. En 1968, mientras la Hebrew University se afanaba en confiscar tierras palestinas en Jerusalén oriental, en la zona oeste de Manhattan la Universidad de Columbia hacía lo mismo. En abril de aquel año, Columbia pretendía arrasar el Morningside Park, un parque vecinal contiguo a su principal campus, para construir un gimnasio. Las protestas vecinales fueron enormes y los estudiantes se movilizaron de inmediato para impedir lo que consideraban una apropiación desdeñosa del espacio vecinal para uso en gran parte privado. La larga protesta que siguió, reprimida en primer término violentamente por la policía, resultó finalmente efectiva para alcanzar su objetivo. El proyecto de gimnasio se abandonó y la petición de los estudiantes para que Columbia cortara sus vínculos con el Instituto para el Análisis de la Defensa obtuvo también sus frutos, una medida que seguramente permitió a sus científicos trabajar con “mayor transparencia” y “libertad para el intercambio de ideas.”

Aquello fue un acontecimiento estimulante en la historia de la Universidad de Columbia y la eficacia de la protesta y el buen resultado alcanzado al respetar los derechos de los vecinos y la complejidad de las relaciones raciales de sus habitantes con la universidad, ahora se consideran con orgullo como uno de los mejores momentos de su historia y se exhibe en su página web. Se trata de una historia de la que Bollinger y otros rectores deberían tomar ejemplo: el que las universidades necesitan de motivación para avanzar y superar su pasado, en ocasiones poco ejemplar. Apoyar el boicot a una universidad puede ayudar a quienes en su seno disienten para trabajar con más efectividad por el cambio, porque el deseo de dar una buena impresión al mundo con frecuencia ha servido como catálisis para transformaciones positivas. La opinión mundial fue absolutamente fundamental para presionar al gobierno de EEUU durante la época de la lucha por los derechos civiles y para desmantelar el apartheid en Sudáfrica. Habida cuenta de que el boicot va dirigido contra las instituciones y no contra los individuos, en lugar de aislar a los académicos israelíes, el boicot puede servir de apoyo a aquellos profesores que quieren reformar sus universidades.

Existen otras estrategias además del boicot para que nosotros, como académicos, nos enfrentemos al sufrimiento de los palestinos en los territorios ocupados. Una comunidad universitaria podría adoptar otras medidas diferentes. Thomas Friedmann, columnista del New York Times, ha sugerido hace poco que las universidades podrían formar estudiantes palestinos, estableces intercambios y enviar profesores a enseñar en universidades palestinas. Creo que es una buena idea y espero que Israel esté de acuerdo con Friedmann y deje de negar o revocar arbitrariamente los visados a los profesores visitantes y de impedir que los estudiantes y académicos palestinos puedan asistir a congresos en el extranjero. Estoy segura de que “un público intercambio de ideas” en los campus universitarios conduciría a una serie de sugerencias innovadoras para analizar de qué manera nosotros, como académicos, podemos contribuir a mejorar el sufrimiento de nuestros colegas palestinos y a apoyar a nuestros compañeros israelíes para que hagan lo mismo. Pero no descartemos el boicot antes de que se produzca ese debate.

Con este fin, he cursado una petición a mi universidad en la que pido a la rectora que se retracte de su declaración y apoye la organización de un foro para discutir los temas relacionados con la propuesta de boicot. Es lo mínimo que debe hacer una universidad y pido a mis colegas de otras instituciones universitarias que hagan lo mismo.


Notas

* N.T.: Página web que vigila y denuncia, en una especie de caza de brujas, a profesores universitarios en Estados Unidos especializados en Oriente Próximo, críticos con las actuaciones del Estado de Israel

[1] Todas las citas procedentes de rectores, presidentes y cancilleres de universidad, las he tomado de sus declaraciones publicadas en las páginas web de sus respectivos Centros.

[2] “ Israel/ Palestine and the paradoxes of academic freedom”, Judith Butler, RadicalPhilosophy 135, enero-febrero, 2006, p. 11.

[3] “U.S. university presidents visits Isreal to strengthen academic ties”, Tamara Traubmann, Ha’aretz, 3 de julio de 2007.

Margaret Aziza Pappano es Profesora Asociada de inglés en la Universidad Queen, Kingtston, Ontario; es especialista en literatura medieval. En 2006 visitó Cisjordania como miembro del Instituto “Connecting Dearborn and Jerusalem”, patrocinado por el Center for Arab American Studies de la Universidad de Michigan-Dearborn.

Electronic Intifada, 25 de julio de 2007